MARTES, 20 DE AGOSTO DE 2019 





52. Vol. 18 (3)

SEPTIEMBRE 2015

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 1575-0965

Editorial

Estrategias innovadoras en la formación del profesorado

Resulta muy complejo delimitar conceptualmente algunos de los términos que se incluyen en el título del presente número de la revista REIFOP. Por un lado tenemos las estrategias, por otro la formación del profesorado, aunque el que realmente resulte más complejo definir en estos momentos sea lo que en educación se entiende por innovación.

Después de revisar documentos, artículos, libros, experiencias, etc., tanto propias como ajenas, consideramos que la innovación, la necesidad de cambiar para mejorar, debe estar ligada al amor y la ilusión por aprender. La escuela actual no debe inhibir las ganas de aprender de los que participan de ella. Desde el nacimiento, los seres humanos somos voraces aprendices, vamos mirando todo, palpando, observando, replicando... pero llega un momento, una edad, un curso, en la que parece que esta necesidad de aprender, de enfrentarnos al mundo como verdaderos investigadores, queda inhibida por los ancestrales procedimientos de enseñanza y aprendizaje que en muchos (la mayoría) de los centros educativos sigue imperando.

Así, nos planteamos... ¿qué papel ha de tener la innovación en el aula? Desde nuestro planteamiento lo que se ha de hacer es fomentar y motivar a los estudiantes a que sigan teniendo ese instinto de aprender, de buscar, de no asumir derrotas sin luchar, de que no sean conformistas... En cuanto al profesorado, que no pierda sus inquietudes e ilusiones, que no se deje amedrentar y condicionar por las limitaciones y que siempre busque el modo para que los cambios que se produzcan tengan los mejores resultados. Estos cambios, estas innovaciones que pueden proponer los  profesores no tienen porqué ir ligados a cambios tecnológicos. La innovación no es símil de incorporar un apartado en la dinámica del aula, máxime cuando ese aparato se va a seguir empleando con la misma finalidad. ¿Qué hay de mejora entre una pizarra de tiza frente a una pizarra digital si en ambas el profesor se dedica a escribir lo que los estudiantes han de apuntar para luego memorizar?

Como algunos autores sostienen, no puede educarse a estudiantes del siglo XXI  con metodologías del siglo XIX. Además, como afirma José Luis Cabello, con estructuras y modelos que provienen del mundo empresarial, de la era industrial, que limitan a los estudiantes a ser receptores de información,  que han de memorizar y reproducir. La innovación debe activar los procesos de  innovación que permitan introducir los cambios necesarios para adaptar la educación a la nueva sociedad de la era digital, que está modificando los procesos de transmisión y gestión del conocimiento y requieren la formación  en nuevas competencias no abordadas en el aprendizaje tradicional. Pero éstas  difícilmente pueden ser integradas dentro del currículo ordinario si el profesorado no es competente en su gestión y manejo, sobre todo cuando los estudiantes han de mutar de consumidores de contenidos a creadores de los mismos.

Desde las administraciones pueden impulsarse y detectar las buenas prácticas  innovadoras. Estas instituciones deberían ejercer como plataformas para dar  difusión y servir de repositorio para las mejores iniciativas, que incentivasen la participación de las personas en proyectos de innovación. El uso de los recursos tecnológicos y en red es básico para activar esta tarea. Es necesario que se supere el hábito de asistir a cursos para obtener la certificación de horas, incluso a algunos que difícilmente tienen relación con la actividad profesional real para conseguir puntos o una mejora económica.

En la sociedad actual, en este momento en el que el pasado se cruza con el presente y toca con la punta de los dedos al futuro, debe redefinirse el  propósito de la educación, de lo que se considera enseñar y de lo que debe ser aprender. Aprender ya no puede ser entendido como recopilar o tener acceso a información, eso ya no es una habilidad o una competencia, sino una realidad globalmente compartida. La necesidad de innovar en educación no gira en torno al aprendizaje, sino que otros pilares como la enseñanza, los procesos, los  contenidos, las personas, la evaluación, la tecnología, etc., cobran cada día más importancia, impidiendo de este modo que la escuela y el aprendizaje sean una tragedia y una vulneración de la propia naturaleza de los implicados en ella.

El Consejo de Redacción