MIÉRCOLES, 19 DE JUNIO DE 2019 





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AGOSTO 2009

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Recensiones bibliográficas

Comunicar en la educación. Training para la promoción de las habilidades socio-relacionales

A. Arto, M. Piccinno y E. Serra

Madrid, CCS, 2008, 235 pp.

La comunicación interpersonal en educación puede y debe ser mejorada, fundamentalmente entre los dos principales actores de la misma: los docentes y los alumnos. La mejora de las relaciones entre ambos puede conseguirse aplicando técnicas específicas. A ello se dedica este libro que recoge varias de las aportaciones de cursos específicos sobre el tema de la comunicación educativa. Tres autores de la Universidad Salesiana de Roma han puesto sus conocimientos en común para elaborar de forma clara, amena y comprensiva este trabajo que, a modo de manual para personas interesadas, aporta las claves de una comunicación educativa eficaz, aunque tomado en sentido amplio su contenido es aplicable a cualquier tipo de relación social.

El libro presenta una estructura orgánica y uniforme, subdividida en quince unidades agrupadas en torno a cinco núcleos temáticos. Se utiliza la metodología del training, implicando constantemente a los protagonistas para facilitar un aprendizaje con itinerarios aptos para la adquisición de conocimientos y habilidades prácticas. Tiene una dimensión teórico-práctica ofreciendo materiales y metodologías específicas en el ámbito comunicativo.
El primer núcleo parte de un concepto antropológico de la persona como elemento central de la acción educativa y de una introducción al training, que conlleva el conocimiento de las motivaciones y expectativas puestas en el curso en el que se participa. Luego viene el diseño de objetivos, contenidos, metodología (muy activa y concreta en cada momento del curso), estructura, materiales y evaluación. A ello se une una elección de tarea para realizar en casa que es personal de cada alumno. Las fases de este aprendizaje integrado que se propone son: la experiencia educativa, la reflexión guiada, la exposición sistemática, la experimentación personal y la verificación constante. Aunque no lo menciona expresamente como tal, la utilización de la lógica REDER, típica de los sistemas y procesos de calidad está latente en este y otros capítulos.

La comunicación verbal y no verbal son analizadas desde una perspectiva global de la persona y de la escucha empática programadas según diferentes fases con modalidades que recorren una escala descriptiva de empatía con cinco grados y otras tantas propuestas de mejora de habilidades en ese campo. La forma en que se perciben los mensajes y su recepción correcta se desglosan igualmente en las fases comunes a todas las unidades de
experiencia, reflexión, exposición, experimentación y verificación. La respuesta al mensaje busca en el educador apertura, disponibilidad y comprensión que le permite acercarse al alumno, entender sus mensajes y acercarse a sus expectativas.

La segunda parte se centra en el educador como comunicador eficaz por medio de cuatro modalidades de comunicación: descriptiva, expresiva, socio-afectiva positiva y con feed-back. Se definen cada una de esas cuatro competencias, se ejemplifican, se someten a las cuatro fases citadas apoyadas en materiales y fichas específicas para cada caso y se llega a la evaluación de cada una de las modalidades de competencia comunicativa con diferentes escalas y de su uso en situaciones concretas y simulaciones. En este tema son destacables las fichas con locuciones de aceptación y de rechazo, por un lado, y las de aceptación, por otro, que pueden ayudar a los jóvenes a sentirse aceptados positivamente por el grupo y a su mejor integración positiva en él. En situaciones de feed-back se experimentan locuciones sobre la persona y sobre el comportamiento de diversos tipos: descriptivos, valorativos, específicos, responsables, inmediatos y constructivos.

La última parte se refiere al educador como modelo maduro: como guía autorizado, como impulsor del autocontrol, de la autoestima y de las habilidades de colaboración. Al igual que en los otros capítulos, se define de lo que se habla y luego se sigue un diseño con objetivos, contenidos, materiales, fichas para actividades y evaluación de lo que se ha realizado. Las distintas simulaciones de evaluación del autocontrol (por ejemplo, del alumno que sale dando un portazo y diciendo que el centro es una cárcel) se manejan siguiendo las mismas cuatro fases de todas las propuestas, y fomentando las posibles situaciones y salidas de forma reflexiva y con propuestas positivas. La autoestima del profesor juega un destacado papel en el proceso y se pretende fomentar la confianza en sí mismo.

Se trata de un libro muy práctico, sistemático y fundamentalmente aplicado. Su uso por educadores, padres y personas que imparten cursos les facilitará la intervención y la acción participativa en el modelo comunicativo.

Isabel Cantón Mayo


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El plan de convivencia. Fundamentos y recursos para su elaboración y desarrollo

J. C. Torrego

Madrid, Alianza, 2008, 470 pp.

Los problemas de convivencia en los centros educativos se han convertido en uno de los elementos más complicados para los educadores y para los padres. El incremento de la sensibilidad social ante los problemas de violencia escolar ha hecho proliferar propuestas de intervención educativa tendentes a remediar, o a reconducir y evitar la violencia en las aulas. En este libro se presenta una línea de investigación e intervención surgida del contacto con buenas prácticas de convivencia y aprendizaje, generadas en un equipo de la Universidad de Alcalá, basado en la metodología de procesos referidos a la convivencia escolar. Su intención es trascender al ámbito de la resolución de conflictos intentando generar procesos de desarrollo interno en los centros apoyados en la colaboración.

Se comienza por defender un marco de intervención global para mejorar la convivencia desde una perspectiva de centro. Se plantea una propuesta para ordenar y estructurar el modelo a través de la elaboración y desarrollo del Plan de Convivencia del Centro. Además también se incluye un estudio evaluativo sobre la implantación del modelo integrado en centros. La participación de diversos autores coordinados por Juan Carlos Torrego, enriquece más, si cabe, las aportaciones. Se estudia la mediación y el tratamiento de los conflictos desde un modelo integrado de gestión de la convivencia tendente a su inclusión en las actividades cotidianas. Dentro del enfoque de procesos como herramienta el eje de contenidos es la práctica, aunque se aborden cuestiones centradas en diversos ámbitos de solución: cambios curriculares, colaboración con las familias, fortalecimiento de las estrategias de conocimiento del alumnado, medidas tendentes a evitar la disrupción en las aulas, medidas organizativas para favorecer la convivencia, puesta en marcha del Plan de Acción Tutorial y desarrollo de habilidades de resolución de conflictos. Aunque los modelos de resolución de conflictos pueden ser variados, en el libro se presenta un modelo integrado para la intervención en conflictos escolares que abarca, en primer lugar, un conjunto de normas construidas democráticamente, un programa institucional de mediación de conflictos, un marco protector de índole curricular y organizativa, con un sistema de autoridad único en el marco normativo y de diálogo, promocionando la convivencia, y desarrollando en el ámbito de la enseñanza aspectos metodológicos y culturales que abarcan toda la comunidad educativa. En “Cómo elaborar un plan de convivencia” se recogen desde la justificación del mismo hasta su planificación, su adecuación como plan de mejora, su estructura, las fases y una cuidada bibliografía temática.

En la segunda parte se recogen aportaciones seleccionadas de buenas prácticas surgidas al hilo del desarrollo del modelo integrado de gestión de la convivencia con un ejemplo realizado en un centro de Secundaria de Madrid. En primer lugar, la citada propuesta práctica desarrollando y ejecutando un plan de convivencia como oportunidad de mejora del centro. En el segundo ejemplo se presenta la gestión de la convivencia ligada a la mejora del aprendizaje y el éxito académico. En este caso el aprendizaje colaborativo se ha convertido en un referente conectado al proyecto de gestión de la convivencia, por lo que le dedican un apartado específico realizado por dos de los profesores intervinientes en el mismo. También se refiere la experiencia de participación del alumnado a partir de la formación de delegados en un IES. Las buenas prácticas que presentan son en muchos casos avanzadillas de proyectos más globales de centro de mediación de conflictos, como el caso de un centro de Educación Primaria en el que un profesor de Educación Física comprometido con la convivencia pacífica desarrolla el proyecto en el ámbito de su clase. En estos apartados destaca la minuciosa descripción y concreción de cada plan de convivencia, con objetivos diferentes, metodologías avanzadas, muchas basadas en modelos de calidad, análisis DAFO, instrumentos de registro para la mediación, tiempos, evaluación y conclusiones. Realmente nos muestra un abanico plural, diferenciado y multicolor de cómo hacer bien las cosas en el ámbito de la convivencia escolar.

A lo referido anteriormente se suman dos capítulos que siempre deberían formar parte de un plan de convivencia: “El plan contra el acoso escolar” y “Una propuesta de afrontamiento de la disrupción en las aulas desde una perspectiva de equipo educativo”. En el primer caso se estudia la incidencia del maltrato, se categorizan los tipos existentes, se estudian los tipos de agresores y víctimas, los espectadores y se revisan los modelos de intervención. De todo ello emerge un plan contextualizado con los apartados clásicos de objetivos, contenido de las intervenciones (preventivas, inmediatas, de prevención, de reeducación) con las fases pertinentes y acciones específicas para cada fase, con la intervención de las familias de víctimas y agresores, creando un clima y ambiente favorable al cambio de comportamiento. Finalmente aparece la evaluación del programa con indicadores cualitativos y cuantitativos que detectan la efectividad del mismo. En el caso de la disrupción, realiza una detección de puntos débiles que pueden favorecer este comportamiento, luego describe una buena clase y un buen clima de aula (dominio, cooperación, respeto y ayuda mutua) con relaciones personalizadas, humor compartido y valoración adecuada de los alumnos por parte del profesor. Señala indicadores que pueden dar pautas de problemas más profundos de los que la disrupción pudiera ser sólo una manifestación tangencial, y da pautas para la prevención y para la intervención ante las mismas. Concluye con la importancia del comportamiento del profesor para crear un buen clima de clase, mediante un estilo personal adecuado, funcionando como agentes de cambio para manejar los conflictos y favorecer la convivencia. Dentro de las estrategias de actuación del profesorado destacan las relacionadas con la capacidad de manejar los conflictos en el aula y las estrategias motivadoras.

Se trata de un libro muy maduro: capaz de aunar la dimensión teórica-conceptual y de investigación, con las estrategias aplicadas para la intervención directa. La amplia experiencia del coordinador y su equipo de investigadores, tanto en el primer aspecto como en el segundo, avalan los excelentes resultados de la publicación. No es fácil encontrar en un solo libro tanta información, tan buena fundamentación e instrumentos de intervención tan desarrollados y aplicados. El libro no debiera de faltar en las Comisiones de Convivencia dentro de los Consejos Escolares de centro.

Isabel Cantón Mayo


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Profesor@s muy motivad@s. Un liderazgo positivo promueve el bienestar docente

R. Marqués

Madrid, Narcea, Educadores XXI, 2008, 136 pp.

Las cuestiones del liderazgo son hoy una de las más estudiadas, debatidas, y relacionadas con la mejora y la calidad educativa. Una muestra de esta actividad académica en torno a las cuestiones directivas en los centros escolares nos llega de un lugar tan poco habitual como Portugal, en una traducción de Pablo Manzano, que intenta poner al alcance de los prácticos las aplicaciones teóricas mediante los ejemplos, sugerencias y ayuda para ese ejercicio del liderazgo-dirección de la forma más completa posible.
A través de once sintéticos y aplicados capítulos revisa las situaciones y momentos más frecuentes en los centros educativos, comenzando por una revisión del papel de los profesores como líderes clasificándolos en tres tipos y decantándose por el profesor excelente. Indica cómo evitar las críticas directas y cómo practicar el elogio, tanto en público como en privado. Le lleva a pedir incluso una visión compartida del centro para conseguir colocarlo en un marco de excelencia.

La comunicación en su forma y en su contenido se presenta aquí como un aspecto crucial en el liderazgo. Si las palabras son importantes, la forma de percibirlas y su significado, la confianza que inspiran, son cruciales. Se requiere, primero, escuchar con atención, ser un buen oyente, con tiempo para escuchar y elaborar un plan de acción. Tan importante como la comunicación verbal es la no verbal: el contacto visual, el lenguaje corporal, los silencios, las interrupciones, las barreras, el estar al mismo nivel, etc. son elementos cruciales en una buena comunicación. El mostrar interés, dejar que se realicen propuestas y esperar la retroinformación o feed-back son también elementos esenciales. Las pautas para diferentes tipos de conversación, recopilar sugerencias, de los distintos profesores y no responder siempre, comprobar los éxitos y agradecer la información, van en la misma dirección.

En el dilema entre liderazgo y gestión se inclina hacia el primero. Un buen director que no tenga a la vez competencias de gestión, nunca será un buen líder. La necesidad de una formación adecuada y la capacidad para trabajar en grupo que infunda confianza y tenga carisma, cualidades que han de ir asociadas a conocimientos de administración y gestión.

Como instrumentos de gestión destaca el informe semanal, que puede servir como instrumento gestor y de desarrollo del profesorado, como generador del clima moral del centro generando un modelo en el que tienen cabida las cuestiones técnicas y las emociones. Se pretende con ello la innovación, la elevación de la autoestima de los profesores y hacer que cada día sea diferente. El clima escolar se describe con ocho indicadores de los que el líder es el responsable. Su visibilidad en el centro se sugiere desde la entrada y en los más variados lugares: bar, pasillos, bibliotecas, aulas, etc. La visibilidad permite intercambiar informaciones, elogiar, hacer sugerencias y dar apoyo. En la bibliografía inglesa se llama “leadrship by walking aroud”. Es el director que demuestra su interés y preocupación por todo lo que pasa en el centro: limpieza, higiene, disciplina y calidad en la enseñanza; eleva las expectativas de la comunidad educativa con acciones, no sólo con palabras. Se centra en una adecuada organización del tiempo y en la concesión del mismo a los profesores.

La evaluación del profesorado se presenta como una oportunidad de mejora y no como algo negativo. Cree que se debe usar para elogiar y criticar, pero en forma positiva, abierta y compartida que aboque en un plan de desarrollo profesional docente. Como tarea básica de la dirección se presenta la organización de las reuniones que deben ser: cortas, con pocos asuntos y atenerse a ellos. Las pautas son: orden del día, empezar y terminar con notas positivas, cambiar el lugar de la reunión, sonreír, cuidar el espacio, tener retroinformación de las mismas y se dan unas pautas muy concretas sobre el rol de los líderes. Habla también de liderazgos intermedios con criterios concretos para la selección de estas personas. Se trata de procurar el bienestar del profesorado y del director; se pide que sean positivos para aliviar la ansiedad y el estrés de los profesores, no mostrar pesimismo y en lugar de hacer apreciaciones negativas cuando las cosas no van bien, mostrar capacidad de ayuda para mejorar la comprensión y la autoestima. Sugiere además al director aspectos puntuales como ser simpático, compartir los éxitos, recordar temas personales como aniversarios, comidas, etc. Además se ha de orientar a los profesores noveles. Da también pautas concretas para adecuar los espacios y actuar en ellos: despacho del director, secretaría, pasillos, cafetería, sala de reuniones, aulas, etc. Le interesa despertar la motivación del alumnado con técnicas como la participación, el interés y las variables afectivas que les conciernen. Para ayudarles señala una serie de pautas para los tutores de gran utilidad y pragmatismo que le permiten promover la automotivación del profesorado y del alumnado.

La relación entre el clima escolar, el bienestar del profesorado y su compromiso profesional está altamente demostrada, así como la incidencia del ánimo de los profesores y los alumnos y su mutua incidencia. El poner en práctica las múltiples ideas y sugerencias del libro producirá mejoras en el rendimiento y en la satisfacción de padres, profesores y alumnos.

El libro de Ramiro Marqués se presenta como una novedad: de factura portuguesa, sólo su gran aplicabilidad le ha traído al mercado español, lo que es una novedad ya que el camino suele ser inverso: libros publicados al español y traducidos al portugués. La cantidad de aportaciones, propuestas y alternativas que aporta para desenvolver el liderazgo educativo lo convierten en una especie de libro de cabecera para directivos, profesores, tutores y alumnos que se forman en educación, dirección y gestión de centros y aulas.

Isabel Cantón Mayo


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Orientación educativa e intervención psicopedagógica. Cambian los tiempos, cambian las responsabilidades profesionales

L. E. Santana Vega

Madrid, Pirámide, 2007, 375 pp.


Los temas de orientación en el sistema educativo español han tenido grandes altibajos: prestigio y necesidad al lado de olvido y pasotismo. Por ello es difícil conseguir el reto de una segunda edición en un libro de estas características; además si se está situado, como es el caso de la autora y ella misma reconoce, en la ultraperiferia canaria y el libro debe viajar solo a competir en Madrid. Lo ha hecho con éxito doble y ello es un ejemplo de lo que reconoce le ha permitido, por un lado, usar sus conocimientos con sabiduría, y por otro, acompasar el entendimiento y el corazón. Y es que la acción orientadora se mueve entre esos dos polos. Su sabia conjunción en este libro nos permite adentrarnos en los temas técnicos del mundo de la orientación e intervención psicopedagógica con niveles de humanización y personalización que los hacen más cercanos y más asequibles.

En sus siete amplios capítulos contiene los aspectos más relevantes del campo que aborda con una cercanía y una mediatez sin por ello dejar caer en ningún momento el rigor científico. Comienza con una delimitación conceptual y rastreo histórico del sentido educativo de la orientación desde dentro y desde fuera del sistema educativo y deslindando la orientación de términos próximos como guidance y counseling. A ello se une una revisión de definiciones, metáforas y preguntas referidas al campo de estudio y hasta de la “dialectología” profesional que sobre el mismo campo sostienen psicólogos, pedagogos y psicopedagogos.

Los distintos enfoques de la práctica profesional de los orientadores se revisan partiendo del enfoque psicométrico, en vigor hasta los años noventa; desarrollando el enfoque clínico-médico con casuísticas enfocadas como problemas para la intervención; o el enfoque humanista, más cercano a los presupuestos pedagógicos que pretende potenciar el aprendizaje; el enfoque sociológico, de corte crítico que elimina la pretensión del ideal igualitario desde presupuestos socioeconómicos y, finalmente, la perspectiva didáctica, más educativa, que intenta desligar la orientación de los límites clínico-médicos y psicométricos, para promocionar una orientación centrada en la facilitación de los procesos de enseñanza-aprendizaje e integra al orientador en la vida escolar de los centros.
Con estas premisas se aborda la institucionalización de la orientación, basada en los principios formulados por Miller en la década de los sesenta. Se analiza la situación de la orientación en España y en los principales países de la Comunidad Europea y algunos extracomunitarios para ampliar la visión y el estado actual de la orientación en otros marcos normativos. Modelos como la formación en cascada, o principios de desarrollo insertan la orientación en modelos de corte constructivista.

Uno de los más enjundiosos, amplios y desarrollados capítulos, que por sí sólo constituye un libro al abarcar más de cien páginas, es el dedicado a la acción tutorial, a los Departamentos de Orientación y a los equipos de orientación educativa y psicopedagógica. Se recoge la desconsideración de la Administración y buena parte del profesorado hacia la tutoría, con franjas horarias imposibles y poco apego del profesorado a que estas tareas aparezcan como profesionales, hacen que no sea un objeto de deseo. En la misma línea de irrelevancia aparece el Departamento de Orientación en los centros, debido a los dos factores anteriores: desinterés del profesorado y escaso apoyo administrativo. Las propuestas de acercamiento y sensibilización han de ser realistas y reconocer también los condicionantes de realización personales, profesionales e institucionales.

En una línea de renovación y cambio se mueve el capítulo dedicado a las áreas de actuación en orientación, preguntándose si el cambio de los tiempos tiene correlato en las actividades profesionales. Lo corrobora resaltando entre las nuevas tareas orientadoras el extender la acción más allá del alumno, incidiendo en los procesos de innovación y cambio, sean iniciativa del centro o de la Administración. La comunicación juega en este capítulo un relevante papel que se justifica como el aspecto que más debe cambiar un orientador para llegar a la metacomunicación.

También hay importantes cambios en la orientación y transición de la escuela al trabajo con tres factores relevantes: la inserción de los desfavorecidos, políticas de igualdad de género, y las nuevas tecnologías. En el primer caso, para abrir las puertas a este colectivo en la integración al mundo laboral; en el segundo, para la incorporación de la mujer a nuevas profesiones y horizontes distintos a los tradicionales, y en el tercero, por el apoyo y ventajas que las tecnologías reportan a la comunicación, a la orientación y a las tareas específicas de ella. Sin embargo alerta de algunos efectos no deseados de las mismas.

La práctica profesional orientadora se completa con otras tres facetas impres-cindibles vertebradoras de la práctica profesional: la formación, la investigación y la evaluación. La formación inicial y continua como gran asignatura pendiente en el sistema educativo que redunde en la competencia técnica de los profesores y los orientadores como apoyo a la comunidad educativa. La evaluación referida a la calidad de los trabajos orientadores como una brújula que vaya indicando el camino hacia la mejora continua. Y la investigación al incorporar los hallazgos a la mejora de la práctica que permitan reflexionar, compartir y experimentar nuevos programas, nuevas propuestas y desentrañar los rumbos hacia donde debe dirigirse la orientación.

Se trata de un libro amplio y denso; un manual universitario completo y actualizado con la introducción y estudio de las propuestas de la LOE, que quiere ser constructivo y positivo, pero que reconoce y apunta las debilidades del sistema orientador, las contrasta y las reconduce. Sintetiza a lo largo del libro dosis de técnica, ciencia y arte que sólo los mejores conjugan con maestría.

Isabel Cantón Mayo