DOMINGO, 17 DE NOVIEMBRE DE 2019 





74 (26.2)

AGOSTO 2012

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Diversas miradas: democracia del amor

Diverse regards: democracy of love

Miguel López Melero

Resumen Abstract
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Al hacer una presentación de esta monografía sobre Amor y Educación lo primero que deseamos destacar es que todos los autores que han colaborado en la misma coinciden en señalar que la educación es un acto amoroso que nos capacita para respetar al otro u otra como legítimo otro u otra en la convivencia. Sin aceptación del otro o la otra en la convivencia no hay educación, pero tampoco la hay sin la aceptación de sí mismo. La condición fundamental y básica para que el ser humano se desarrolle como un ser que aprende a pensar, que aprende a comunicarse, que aprende a sentir y que aprende a actuar, es el amor. El amar surge en el momento que abrimos un espacio a los demás, un espacio a las relaciones con otros u otras, porque supone ver y oír al otro sin prejuicios, sin expectativas, pero para que esto ocurra hay que estar dispuesto a hacerlo, hay que estar dispuesto a quererlo. Una vida sin amor no tiene sentido de ser vivida. Los seres humanos somos hijos del amor.

Lo que nos hace seres humanos, según este punto de vista, es nuestro vivir como seres cooperativos y amorosos, con conciencia de sí mismo y con conciencia social, en el respeto por sí mismo y por los otros. Pero para ello –subraya Maturana (1997)– debemos abandonar el discurso patriarcal de la lucha y la guerra, y volcarnos en el vivir matrístico del conocimiento de la naturaleza, del respeto y la colaboración en la creación de un mundo que admite el error y puede corregirlo. Una educación que nos lleve a actuar en la conservación de la naturaleza, a entenderla para vivir con ella y en ella sin pretender dominarla, una educación que nos permita vivir en la responsabilidad individual y social que aleja el abuso y trae consigo la colaboración en la creación de un proyecto armonioso entre la naturaleza y el ser humano. Pero sólo si se vive en la biología del amor el individuo desarrolla el respeto a sí mismo y a los demás, así como una conciencia social.

De acuerdo con esta teoría, compete al profesorado crear las condiciones necesarias para que el alumnado viva en la biología del amor educándose mutuamente, donde amor y conocimiento no son dos cosas alternativas sino que el amor es el fundamento de la vida humana y el conocimiento sólo un instrumento de la misma (MATURANA, 1994a). Lo más importante es que la educación sea capaz de crear las condiciones que permita a cada cual  llegar a ser un ciudadano o una ciudadana culta, autónoma, responsable y, sobre todo, feliz. Por eso necesitamos una escuela pública apasionada por el conocimiento y por la vida (verdad), por el amor al otro u otra como legítimo otro u otra (bondad) y por saber vivir en el respeto a la diversidad como valor (belleza).

Solemos decir que vivimos en la sociedad del conocimiento y de la incertidumbre y que necesitamos de docentes competentes y comprometidos moralmente con la educación. Profesionales que tengan claro qué tipo de ciudadanía necesitamos y cómo debemos formar a dicha ciudadanía. Nuestro pensamiento es que este compromiso con la educación sólo se podrá lograr si nuestro modelo educativo, además de posibilitar una ciudadanía competente intelectualmente, consiga un buen ciudadano o una buena ciudadana donde el amor al otro u otra como legítimo otro u otra en la convivencia sea el epicentro de su pensamiento y de sus acciones. No sólo necesitamos formar a la ciudadanía como personas intelectualmente cultas, sino moralmente buenas personas. En este sentido las propuestas de los diversos autores apuntan hacia un proyecto moral de educación que propicie una ciudadanía pensante, crítica y culta que sea capaz de problematizar la realidad más cercana. Una ciudadanía libre y responsable capaz de guiar éticamente sus comportamientos y sepa tomar decisiones y asumir la responsabilidades de sus acciones, incluso, en situaciones complejas.

The first thing to be highlighted in this introduction to the special issue on Love and Education is that all contributing authors agree to point out that education is a loving act which allows us to respect each other as legitimate in our coexistence. If we do not accept each other in our coexistence, there is no education. And there is no education either, if we do not accept ourselves. The fundamental and basic condition for the development of the human being as someone who learns to think, to communicate, to feel and to act is love. Love comes when we open a space for others, a space for our relationships with others, because it entails seeing and listening to each other without prejudice, without expectations. But, for that to happen, we have to be willing to do this, we have to be ready to love. A life without love has no meaning. We, human beings, are children of love.

What makes us human beings are, according to this point of view, our daily lives as cooperative and loving beings, aware of ourselves and with a social conscience, respecting ourselves and respecting others. But, as Maturana (1997) point out, we must abandon the patriarcal speech about fight and war and must devote ourselves to live matristically in the knowledge of nature, of respect and of collaboration to build a world which accepts mistakes and can correct them. An education that takes us to conserve nature, to understand it in order to live with it and in it without dominating it, an education that allows us to live in individual and social responsibility away from abuses and collaborating to create a harmonious project between nature and the human being. Only if we live in the biology of love will the individual develop self-respect and respect towards others, as well as a social conscience.

According to this theory, it is the role of the teachers to create the necessary conditions for students to live the biology of love, teaching each other, with love and knowledge not being alternatives but love being the basis of human life and knowledge just an instrument of it (MATURANA, 1994a). The most important thing is that education will be able to create the conditions that will enable everyone to become a cultured, autonomous, responsible and, above all, a happy citizen. This is why we need a public school that is passionate about knowledge and about life (truth), about loving each other as the legitimate other (kindness) and about knowing how to live with respect to diversity as a value (beauty).

We usually say that we live in a knowledge society and in an uncertainty society, and that we need some competent teachers who are morally committed to education, professionals that have a clear vision of what kind of citizens we need and how we should educate them. We believe that this commitment with education will be achieved, if our educational model allows for citizens who are not only intellectually competent but also who love each other as legitimates and where coexistence is the epicenter of their thoughts and actions. We need to train citizens not only as intellectually cultured persons but also as morally good persons. In this sense the proposals of the various authors point out towards a moral educational project that promotes a thinking, critical and cultured citizenship which will be capable of problematizing the nearest reality, a free and responsible citizenship able to ethically guide their behaviour and to take decisions and assume responsibilities for their actions, even in complex situations.

Palabras clave Keywords
Amor, Educación, Docentes competentes, Libertad, Compromiso moral, Educación ciudadana

Love, Education, Competent teachers, Liberty, Moral commitment, Citizen education

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