MIÉRCOLES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2019 





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DICIEMBRE 2007

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

LA ESCUELA ANTE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El tema que ocupa las páginas del monográfico de este número es de un calado importante, de doble rostro, no fácil de interpretar, cuando nos preguntamos por su incidencia en los problemas locales, nacionales y mundiales, relativos al desarrollo y a las crisis humanitarias. Tal vez por esa ambigüedad, entre otras causas, la escuela no ha sabido cómo actuar ante esta realidad de los medios de comunicación.

Hemos de decir aquí, en un intento de aclaración, que lo primero que la escuela debe hacer es reconocer que los medios son una realidad, pues no es bueno taparse los ojos ante los hechos. En efecto, ahí están la prensa, la televisión, la radio, internet, los videojuegos, videoclips, CD-Roms... La pluralidad de escrituras es una evidencia con la cual las instituciones académicas, entre ellas la escuela, no puede jugar a la gallina ciega. Y la primera pregunta que ante esta situación debería hacerse la escuela podría ser la siguiente: admitida su existencia, ¿a quién sirven los medios de comunicación?

Constatamos que en 1994, por ejemplo, en Ruanda, la radio de las Mil Colinas difundió mensajes de odio e incitó a las masacres contra los Tutsis. Una prueba evidente de que los medios de comunicación suelen ser una herramienta de los grupos de poder para defender sus intereses. Los medios, en este caso, legitiman las políticas del sistema imperante. En el mismo platillo de la balanza, un platillo de propaganda sectaria, estarían aquellas funciones de los medios, consistentes en verter noticias sobre desastres, hambrunas, éxodos, epidemias…, ocultando los procesos de gestación de esas desgracias o los factores estructurales que generan la vulnerabilidad. Las imágenes de la hambruna etíope de 1984 mostraron a mujeres y niños extenuados y famélicos, pero no se hicieron eco de las maquinaciones de las élites que la alentaron como instrumento de guerra y de opresión étnica.

Si la información, así manipulada, no explica la sucesión continuada de los problemas, puede acabar generando la llamada “fatiga de la compasión” o la “fatiga de la cooperación”, es decir, una reticencia a colaborar en la solución de las crisis que la ciudadanía se ve incitada a considerar absurdas e irracionales. Cuando la TV o cualquier otro medio de comunicación humanizan o personalizan las historias, pero al mismo tiempo las despolitizan, la consecuencia se llama incomprensión ciudadana de los hechos que destroza la empatía y el compromiso social prolongados, tal como advierte Ignatieff. En otras palabras, los medios, en múltiples ocasiones, actúan como fuerza legitimadora de la injusticia y de los intereses individuales o grupales en contra de la verdad y de la transparencia.

Una escuela atenta al análisis de la realidad, observa también que los medios de comunicación deslocalizan el saber. Ya no son sólo los maestros o los educadores oficiales quienes transmiten la sabiduría. Otras instancias se constituyen en agentes de educación, impartiendo contenidos culturales en los anuncios que resaltan las paredes y los caminos por donde los alumnos transitan en dirección a su colegio. La potencia de los medios es tan grande que, en ocasiones, llegan a subvertir la cultura lineal, escrita y mecánica de la escuela, por otra visual, auditiva, musical, cinematográfica, interdisciplinar, informatizada y escénica. Una cultura coloreada, atrayente, lúdica y evasiva, que compite con el hastío de los pupitres, interpreta los acontecimientos y configura la opinión pública en busca de un tipo de persona y de sociedad que en nada se parecen al retrato ético que los clásicos valores escolares intentan dibujar desde las aulas. En esta batalla por la conquista del futuro, los medios de comunicación se jactan de ser más poderosos, en la producción de aprendizajes y de socialización de los sujetos, que los “pobres” instrumentos utilizados por la cultura académica.

¿Cómo ha reaccionado la escuela ante este moderno y modernizador envite de los medios de comunicación? Se ha debatido entre el amor y el odio o el espanto. El resultado ha sido constatar la existencia de una escuela reticente ante el coraje de los medios, una escuela celosa ante lo que ella consideraba intrusismo de los mismos, una escuela miedosa ante las innovaciones metodológicas, una escuela protectora del influjo, supuestamente negativo, del progreso; una escuela agazapada en la penumbra de sí misma y ciega ante la luz de los inventos.

No nos sirve este tipo de escuela. Más bien, deseamos, desde estas páginas, una escuela cuyos objetivos se iluminen y oxigenen con la siguiente orientación, que resumimos en diez grandes enunciados, a modo de mandamientos:

1.- Enseñar al niño a seleccionar la información que recibe a través de “las nuevas escrituras”.

2.- Considerar a los medios de comunicación como un recurso didáctico que apoya el discurso educativo.

3.- Seleccionar aquellos que se pueden utilizar en los procesos de enseñanza-aprendizaje y descartar los que se limitan a la simple evasión indecorosa o al olvido de una voluntad empeñada en el esfuerzo solidario.

4.- Analizar los medios como objeto de estudio y de producción de conocimiento.

5.- Aprovecharlos para formar a las nuevas generaciones para que no sean meros espectadores y oyentes de simples informaciones, sino lectores críticos de la problemática social y vitalista.

6.- Incorporarlos en el currículo escolar como temas transversales y herramientas procedimentales que colaboren en la interpretación reflexiva de los contenidos que encierran.

7.- Reorientar la lectura de sus informaciones para elaborar opinión deslegitimadora de injusticias sociales y personales.

8.- Resignificar la función de los medios de comunicación, de la propaganda y de los silencios cómplices.

9.- Dar voz en los medios a quienes están privados de proclamar su palabra.

10.- Concienciar a los alumnos de que el noventa por ciento de los flujos informativos internacionales son decididos por unas pocas televisiones globales, tres agencias poderosas y media docena de periódicos de referencia mundial.

Tal vez, este decálogo se puede concretar en el siguiente enunciado: La escuela debe generar en sus alumnos un pensamiento crítico, capaz de analizar la abrumadora información que ofrecen los medios de comunicación, con la noble finalidad de cooperar, a través de un currículo escolar crítico, al desarrollo humano y sostenible de las personas y de los pueblos, debilitados por la exclusión de su voz y de su palabra.


El Consejo de Redacción