SáBADO, 16 DE NOVIEMBRE DE 2019 





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AGOSTO 1994

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

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EDUCAR EN VALORES

El mundo occidental vive sumergido en una crisis generalizada de valores, como consecuencia del fracaso de las utopías más recientes. Estamos confusos y desorientados, desconfiamos de los grandes ideales, estamos de vuelta de muchas cosas, faltan alternativas y caminos, hemos convertido el consumo en nuestra forma de vida, estamos atrapados por valores como la rentabilidad y el dinero, que dejan abiertas las puertas del individualismo y la insolidaridad. El "tener más" se ha convertido en la base de nuestra felicidad.

Dentro de este clima se ha desarrollado en nuestro país la denominada "cultura del pelotazo", que ha provocado una asfixiante dinámica de corrupción moral que recientemente nos ha explotado en las manos como consecuencia de la vergonzosa y vergonzante corrupción detectada entre quienes ocupan o han ocupado altos cargos de responsabilidad.

Los medios de comunicación social han denunciado unánimemente tan reprobable clima moral, denuncia a la que también quiere sumarse la Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado.

Ante esta situación es necesario emprender algún proyecto común que dé sentido al presente y oriente el futuro. Y este proyecto no puede ser otro que la sustitución del deseo y la búsqueda del "tener más", por el deseo y la búsqueda del "ser más", situando el horizonte de la felicidad humana en el amor y la búsqueda de la armonía, que dejan abiertas las puertas de la solidaridad, la paz, la fraternidad, el encuentro interpersonal, la generosidad y el darse a los demás.

Sin duda, el clima de "desmoralización" que nos invade ha generado una auténtica cultura de contravalores. La prensa, la radio, la televisión, el cine... nos salpican constantemente con contravalores mitificados como la droga, el alcohol, el sexo y lo que el cuerpo pida. El odio, la agresividad, la violencia y el desprecio por la vida humana nos son presentados a diario como algo normal, cotidiano y corriente, de forma que nos hemos acostumbrado a ver, sentir y vivir estas situaciones como banales.

Como consecuencia de todo lo anterior es necesario reivindicar, hoy más que nunca, que toda acción educativa sea fundamentalmente una orientación de niños y adolescentes hacia el mundo de los valores, asegurando la presencia de estos en los centros y ejes transversales del currículo. Es necesario luchar con decisión contra el riesgo de que niños y jóvenes, por un simple proceso de imitación, interioricen el submundo que venimos criticando, quedando anulados en ellos los sentimientos y valores más nobles. Tal como resalta la propia reforma educativa, la educación en valores debe impregnar el currículo, haciendo posible una educación ética desde todas las áreas. Es tarea de todos determinar cuáles son los mínimos morales que deben presidir nuestra convivencia y que deben transmitirse a niños y jóvenes. Es fundamental elaborar una base ética común y universal que permita una convivencia feliz por encima de ideologías y creencias, creando, además, las condiciones objetivas para que niños y adolescentes puedan realizar opciones responsables dentro del pluralismo típico de la sociedad moderna.

Pero hemos de ir más lejos. El niño tiene una gran capacidad de desarrollarse como ser humano por la imitación. Aprende a ser persona haciendo propios los valores y pautas que guían a los demás hombres. Esta tendencia impulsa al niño y al joven a buscar modelos. Por eso lo que padres y educadores son y hacen con responsabilidad, se convierte en auténtica correa de transmisión de los valores. Niños y adolescentes saben perfectamente si los valores que les enseñamos son una simple lección aprendida o una verdadera actitud vivencial. Esta es la razón por la que el educador no puede acercarse a su oficio como quien va a trabajar con un pico y una pala, pues no haría otra cosa que abrir zanjas en la personalidad del educando. La misión fundamental de todo educador es la de transmitir los valores, mejor dicho, la de sugerir (nunca imponer) vivencialmente, desde el ejemplo personal, los valores..., valores como el respeto, la bondad, la actitud de servicio, la tolerancia, la libertad, la paz, la solidaridad, la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio, la amistad, la integridad, la alegría, la esperanza..., valores que, en pocas palabras, permitan al niño aprender a "vivir", aprender a "ser" y aprender a "disfrutar" de la vida en todas sus dimensiones.