LUNES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2019 





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ABRIL 2000

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

LA PSICOMOTRICIDAD  HOY

El término psicomotricidad hace referencia a la indisoluble vinculación entre cuerpo, movimiento, emoción y actividad cognitiva. “Partiendo de una visión global del ser humano, el concepto psicomotricidad integra las interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensoriomotrices en la capacidad de ser y expresarse del individuo en un contexto psicosocial”. Así definida (y esta es la definición que de ella hace el Forum Europeo de la Psicomotricidad), la psicomotricidad desempeña un papel fundamental en el desarrollo integral y armónico de la personalidad humana. De ahí la importancia de los programas de educación, prevención e intervención psicomotriz, que implican un abordaje de la persona desde el movimiento y la mediación corporal. Y de ahí, también, la importancia de un buen diseño del perfil curricular y profesional del experto en psicomotricidad.

En línea con lo anterior cabe destacar, en primer lugar, la importancia de la “educación corporal”, puesto que el cuerpo juega un papel fundamental en toda vida humana. En efecto, él es el vehículo de nuestra presencia en el mundo; el lugar desde el que vivimos la afectividad, la emoción y el deseo; el soporte de nuestra sexualidad; el lugar en que habitan nuestros monstruos y fantasmas inconscientes; la herramienta que hace posible el pensamiento y el lenguaje, y que nos permite medir y calibrar, y orientarnos en el espacio y el tiempo, y procesar la información, y construir teorías explicativas de la realidad. El cuerpo es, también, el instrumento que hace posible la comunicación y el diálogo entre los seres humanos; el mediador instrumental de cualquier actividad o relación humana; la herramienta que posibilita nuestra adaptación al mundo y, en definitiva, el eje central sobre el que pivota la construcción de nuestra personalidad.

En segundo lugar, motricidad y psiquismo son las dos caras de una misma moneda. Por una parte, existe un enorme paralelismo entre los aspectos motores y psicológicos del desarrollo, al menos mientras dura el proceso de construcción del esquema corporal. Así, el ser humano se construye a sí mismo a partir del movimiento y la acción, dentro de un contexto de emociones, afectos, relaciones y comunicación. Por otra parte, la psicomotricidad, en tanto que técnica, actúa sobre las capacidades psíquicas (emocionales, relacionales, cognitivas, lingüísticas, sensoriomotrices, creativas, expresivas…) de los individuos, a través del trabajo y la mediación corporal, cuya función principal es la de estimular, modificar o reinstaurar tales capacidades. En este sentido, la relación que entabla un ser humano con otro es básica y primariamente corporal, y se establece en torno al diálogo tónico-emocional. De ahí que la psicomotricidad conlleve la exigencia de un modo particular de relación, de una actitud de disponibilidad corporal, capaz de posibilitar que el niño o niña expresen mediante sus actos, y en el contexto de una dinámica relacional, sus dificultades, sus temores, sus emociones, sus deseos… Y de ahí, también, la importancia de una buena educación psicomotriz, imprescindible para formar seres humanos armónicos; capaces de coordinar, controlar y expresar su motricidad voluntaria; con un buen dominio de la función tónica y del control emocional; y de la postura, el equilibrio, la lateralidad y el esquema corporal; y de la organización espacio-temporal y rítmica; y de la grafomotricidad; y de las praxias y la relación con los objetos; y de la comunicación tónica, postural, gestual y verbal. Razones todas ellas que avalan la importancia de la psicomotricidad como instrumento no solo de educación y reeducación, sino también de rehabilitación y terapia. Y que explican el despegue y desarrollo de esta disciplina en la actualidad.

En efecto, en el umbral del siglo XXI las dos grandes orientaciones de la psicomotricidad (psicopedagógica y clínico-médica) emergen por doquier. Se fundan asociaciones, federaciones y redes nacionales e internacionales de psicomotricidad. Se publican libros y artículos especializados. Se crean páginas web que facilitan, gracias a la inmensa y omnipresente base de datos que es internet, su difusión dentro de nuestra aldea global. La psicomotricidad va adquiriendo, por otra parte, carta de naturaleza dentro de la Universidad. Desde aquel lejano momento de 1947 en que Ajuriaguerra creó en Francia, a partir de las ideas de Wallon, el primer Servicio de Reeducación Psicomotriz, son ya muchos los países de nuestro entorno que han ido creando titulaciones específicas de psicomotricidad. Francia cuenta desde 1974 con una “Diplomatura de Estado en Psicomotricidad”; En Dinamarca existe, desde hace veinte años, un “Diploma de Estado de Educadores del Movimiento y la Relajación”; En Alemania se ha desarrollado la “Motología”, vinculada a las ciencias de la educación física y el deporte; En Holanda hay una titulación universitaria de “Terapeuta Psicomotriz”; En Italia y Bélgica existen estudios de especialización en psicomotricidad para fisioterapeutas o profesores de educación física; En Luxemburgo la psicomotricidad está reconocida como auxiliar de la medicina; y finalmente en Hispanoamérica, por citar países de nuestro entorno cultural allende los madres, emergen también titulaciones universitarias en psicomotricidad. Así, la Facultad de Medicina de la Universidad de la República de Montevideo (Uruguay) cuenta con una “Diplomatura en Psicomotricidad”; En la Facultad de Educación de la Universidad de Maule (Chile) se ha comenzado a impartir este mismo año una “Diplomatura en Psicomotricidad Educativa”; y otro tanto sucede en Argentina, donde la Universidad CAECE, por poner un último ejemplo, imparte desde el presente curso académico una “Licenciatura en Psicomotricidad”…

En el caso de España la psicomotricidad, que se fue abriendo paso por diversas vías a partir de la segunda mitad de los años setenta, no ha conseguido cuajar hasta la fecha dentro de la universidad. Es cierto que la psicomotricidad tiene una cierta presencia en algunas Facultades de Educación y en otros centros universitarios con formación de maestros; también es cierto que hay universidades que imparten cursos de postgrado en esta especialidad. Pero la realidad es que la universidad española no ha creado hasta hoy ninguna titulación oficial en psicomotricidad. Cada vez está más clara, sin embargo, la especificidad de su campo de trabajo, tanto a nivel psicopedagógico como clínico-médico, lo que justifica plenamente la existencia de una titulación y de unos profesionales con competencias propias en el ámbito de la psicomotricidad. Así se reivindicó hace tiempo desde esta revista (1988, nº 3), en un número monográfico dedicado a las nuevas titulaciones universitarias relacionadas con la educación. Y así se está reivindicando actualmente con rigor y con fuerza por la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español. Vivimos un momento de despegue y crecimiento de la psicomotricidad, que emerge y se mueve con fuerza. Se están produciendo acontecimientos importantes en el ámbito de la psicomotricidad. Se ha cumplido ya el tiempo de espera y parece haber llegado el momento propicio para reivindicar una titulación oficial en psicomotricidad dentro de la universidad española. Una reivindicación que se asienta sobre la seriedad y el rigor académicos de esta disciplina, sobre el análisis comparado con Europa e Hispanoamérica, y sobre el convencimiento de que hay un campo de trabajo específico para los profesionales de esta especialidad.

Pues bien, de todos estos problemas y de otras muchas cuestiones relacionadas con la psicomotricidad hablaremos en la monografía que ofrecemos a continuación. A lo largo de ella el lector o lectora podrán encontrar sugerentes pinceladas y esbozos, o bien cuadros completos, según qué casos, sobre las fuentes, autores y modelos más destacados de la psicomotricidad; sobre la psicomotricidad en Europa e Hispanoamérica; sobre experiencias y proyectos de formación en psicomotricidad; sobre diseños experimentales e investigaciones en torno a la psicomotricidad; sobre guías de observación de los parámetros psicomotores; sobre las posibilidades educativas de la psicomotricidad en el primer y segundo ciclo de educación infantil; sobre proyectos educativos y diseños curriculares que giran en torno a la psicomotricidad; sobre la psicomotricidad en un centro de educación especial; y sobre otras muchas cuestiones relacionadas con el ámbito de la psicomotricidad.

Y ya para terminar. Las limitaciones de una monografía como la presente nos han obligado a dejar en el tintero un sinfín de ideas, datos, experiencias, investigaciones, realizaciones, deseos y sueños sobre el mundo de la psicomotricidad… No obstante dejamos este trabajo en manos de nuestras lectoras y lectores con la esperanza de que hayamos sido capaces de aportar algunos elementos novedosos e interesantes sobre un mundo tan sugerente y fascinante como es el mundo de la psicomotricidad.

EL CONSEJO DE REDACCIÓN