VIERNES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2019 





45 (16,3)

DICIEMBRE 2002

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

RETOS EDUCATIVOS DEL ENVEJECIMIENTO

Nuestra Revista ha procurado estar siempre atenta al acontecer educativo y a las situaciones particularmente relevantes en este terreno. Por ello, algún lector podría sorprenderse que este número aborde monográficamente asuntos relativos al envejecimiento, sus repercusiones y posibilidades en este tiempo. ¿Qué tenemos que ver con los mayores?; ¿acaso no es más que suficiente con atender a los procesos de educación formal?; ¿no son acaso los niños/as y jóvenes los destinatarios por antonomasia de la acción educativa y, por tanto, también la formación de los profesores que de ellos se encargan?; ... y así podría alargarse un extenso rosario de interrogantes.

Por tanto, es menester aclarar y justificar por qué, cómo y para qué se ha construido esta monografía, no sin señalar ya desde este mismo momento que la si bien la RIFOP se ha concebido desde sus orígenes orientada a la educación y a la formación del profesorado, nunca ha dejado de tener una sensibilidad acusada a todo aquello que directa o indirectamente revierta en lo educativo y, consiguientemente, en el proceso de desarrollo humano. En definitiva, porque nada humano le es ajeno, aunque haya hecho una elección preferencial perfectamente clara a lo largo de los 45 números anteriores (incluido el número 0). Es precisamente esta vocación abierta la que en un caluroso día madrileño de junio del año 2001 propició una aceptación sin reservas por parte de la Asamblea y el Consejo de Redacción a la idea de construir este monográfico. Varias razones les asistían.

En primer lugar, se avecinaba un acontecimiento de importancia mundial celebrado en nuestro país entre el 8 y 12 de abril del presente año 2002: la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, organizada por la ONU y a veinte años de distancia de la I Asamblea Mundial celebrada en Viena en 1982. A nadie se le escapará que en esos 20 años han sucedido muchas cosas y hemos asistido a numerosos cambios sociales, políticos, económicos, educativos y... demográficos (éstos frecuentemente ajenos a la reflexión educativa). Son precisamente estos últimos los que, sin ser exclusivos, determinan una forma particular de encarar otros cambios y acontecimientos, así como un modo diferenciado de pensar, proyectar y planificar la vida social y ciudadana durante los años venideros. El envejecimiento poblacional supone tanto un mayor número de personas mayores como un menor número de niños/as y jóvenes.

Esto que es ya un hecho -en expansión, por supuesto- en nuestro escenario occidental de primer mundo «supersurtido » —que no necesariamente satisfecho—, también está afectando a los países en vías de desarrollo todavía en una proporción menor, es cierto, pero muchísimo menos «surtidos» y con mayores carencias. Hasta aquí alguien podría objetar: ¿pero qué tiene esto que ver con nuestras escuelas, institutos, colegios y universidades y quienes en ellos moran, salvo el preocupante bajón poblacional en estas edades quizá sobre todo para quienes vivimos en el esfuerzo por instruirlos?

Sin duda tiene que ver, y mucho. No es de hoy, por supuesto, el interés por la educación de los adultos ni la educación permanente, pero seguramente se pensó en tal asunto desde otras coordenadas y con otra sensación de apremio. La Declaración de la V Conferencia Internacional sobre la educación de adultos celebrada en 1997 en Hamburgo decía que “la educación de las personas mayores es mucho más que un derecho; se ha convertido en la llave decisiva para entender el siglo XXI”. Y con esta referencia a la Conferencia de Hamburgo entramos en una segunda consideración acerca de la oportunidad de este tema en la RIFOP.

En la II Asamblea Mundial estaban presentes en torno a 5000 personas, con representantes de 160 países y 1500 ONGs de ámbito internacional, siendo cubierto este acontecimiento por unos 600 medios de comunicación. Pues bien, un evento de semejante envergadura no puede ser ignorado desde la reflexión y la práctica educativa si por tal se entiende todo aquello que contribuye o puede contribuir al desarrollo de las personas singulares y la sociedad humana en general. El lema de la Asamblea, a semejanza de eventos internacionales anteriores como el de 1993 o el de 1999 por recordar sólo dos recientes, era «Construir una sociedad para todas las edades»; y seguramente no hace falta acudir a la «prueba del nueve» para caer en la cuenta que esa frase y objetivo tiene también profundas repercusiones educativas, si la tantas veces proclamada «educación para la vida» —esperemos que no en «tono menor»— se asume con la honestidad y radicalidad necesarias, ya que la educación ha de ser para la vida o no es educación. Ahora bien esta afirmación no es aplicable sólo a los más jóvenes de la comunidad; afecta también a los no tan jóvenes e incluso abiertamente mayores, porque la educación es un proceso que dura toda la vida, con matices y peculiaridades, es cierto, pero lo sustantivo no reside en lo matizable sino en el hecho de ser así. ¿Con qué cara podría perorarse sobre la importancia de la educación permanente y pasar de largo por los hechos que motivan reuniones y acontecimientos como el de abril de este año? Por ello, apelando a una mínima coherencia, se estimó necesario hacerse eco aquí de ello. Entramos, pues, en una tercera apreciación.  Si se revisan los documentos preparatorios de la Asamblea, los debates y/o acuerdos emanados de ella y del Foro Mundial de ONGs que funcionó simultáneamente, así como otros muchos documentos, recomendaciones y trabajos de diversa índole y orientación nos encontraremos que una de las líneas de fuerza respecto del envejecimiento reposa en los procesos educativos.  Y estos vistos desde una perspectiva también intergeneracional. Decía Kofi Annan en su discurso que hay que aprovechar «la sabiduría y experiencia de las personas mayores, porque constituyen un verdadero vínculo vital para el desarrollo de la sociedad. En África se dice que cuando muere un anciano desaparece una biblioteca».  Las condiciones de vida de los mayores en la actualidad son cada vez mejores; se vive más y se envejece con una calidad de vida ostensiblemente mejor, lo cual ha llevado a acuñar el concepto de «envejecimiento activo». Los mayores demandan cauces de participación y vías para promover su desarrollo personal y social. Entre las propuestas y recomendaciones del Foro de ONGs está la de «garantizar la participación activa de los mayores en los debates sociales y en la toma de decisiones sobre la política social y de desarrollo, reconociéndose el trabajo intergeneracional que realizan los mayores». Cada día florecen asociaciones de mayores, agrupaciones de diferente tipo y naturaleza a través de las cuales reclaman, quizá todavía con un eco limitado pero no por ello menos importante, ser artífices de su propia vida y tomar en peso el ritmo de la sociedad hombro con hombro junto a todos los demás. La época del viejo como un trasto inútil va progresivamente —no sin dificultades, es cierto— sufriendo golpes certeros que contribuyen a arrinconar primero para desterrar después los estereotipos y clichés «viejistas». Y en esta tarea la educación es un arma imprescindible tanto para socializar a los más jóvenes de la sociedad como para pertrechar a las generaciones mayores de una confianza más realista y de una ponderada autoestima —frecuentemente desvalorizada por mor de tales clichés—, alejada tanto del derrotismo estéril como de .una ingenuidad estúpida, a la vez que se cultiva una visión positiva también entre los propios profesionales que se dedican al trabajo con las personas mayores, pues nuestra experiencia pone de manifiesto que estar investido de un título o acumular tiempo de trabajo con los mayores no blinda necesariamente contra estos prejuicios «viejistas ». Por tanto, los retos educativos que dimanan del fenómeno del envejecimiento están servidos y exigen que las instituciones y movimientos educativos —aunque no sólo desde ellas— asuman la parte que les corresponde. Y una no pequeña es pensar o, mejor, re-pensar la educación desde una perspectiva intergeneracional, solidaria y orientada a promover el desarrollo en todas las etapas del ciclo vital. En consonancia con lo anterior, puede observarse la creciente demanda educativa y de ocupación creativa del tiempo libre desde nuestros mayores. En este sentido deben citarse las Universidades o Programas Universitarios para Mayores, presentes en la mayoría de las Universidades públicas y privadas de nuestro país, las Universidades Populares, las Aulas para la Tercera Edad y un abundante número de actividades de tipo cultural promovidas desde la administración pública —a nivel municipal, autonómico y central—, así como un muy apreciable conjunto de iniciativas presenciales y virtuales (la creciente e imparable incorporación de los mayores a las nuevas tecnologías propicia esta modalidad) emanadas desde iniciativas de asociaciones, grupos y entidades de lo más dispar. Esta realidad abona y ratifica la frase de la V Conferencia Internacional sobre la educación de adultos celebrada en Hamburgo en 1997 y ya transcrita más arriba. Finalizamos ya. Pensar que España es el séptimo país con más población envejecida y que en el año 2050 será el más envejecido del mundo, ya que el 44% de su población tendrá más de 50 años, no hace más que poner en números lo que será pensar y planificar la educación para esas alturas del siglo XXI. Ahora bien, eso no se improvisa. Por ello, hay que preparar el terreno (queremos creer que se está en ello, aunque sin dejarnos capturar por una ingenua y traicionera complacencia, pues la tarea ya es apremiante), modificando esquemas, abriendo cauces, imaginando alternativas y, de manera particular, asumiendo el reto del cambio acelerado y omnipresente que la humanidad está viviendo, y todo indica que así seguirá siendo. En esta empresa ha de ponerse desde todos los lados e instancias un punto de equilibrio entre la tensión y la mesura mantenidas para que toda la humanidad salga beneficiada. Tomando los versos de León Felipe, quisiéramos reflejar ese equilibrio difícil pero necesario a la par que esa solidaridad imprescindible que debe obligarnos a pensar y hacer las cosas teniendo en la mente y en el corazón el mundo entero, la entera sociedad humana: «Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo porque no es lo que importa llegar solo ni pronto sino llegar con todos y a tiempo.»

El Consejo de Redacción